martes, 19 de abril de 2011

Texturas y máscaras. Acerca de La verdad sobre las máscaras de Oscar Wilde.


"¿Puede el teatro existir sin trajes y sin decorados? Sí ¿Puede existir sin música que acompañe el argumento?Sí ¿Puede existir sin iluminación? Por supuesto ¿Y sin texto?.." Grotowski y Barba.

He pasado algunos días con la experiencia de lectura de Jerzy Grotowski y sus propuestas de liberación de resistencias del cuerpo del actor. Por pura casualidad, de esas de las que se constituye toda una vida, me encontré un divertídismo texto de Oscar Wilde, digo divertídismo porque con ese estilo tan peculiar e irónico una no puede aguantarse ese adjetivo. Wilde hace en él una defensa del vestuario y la caracterización de un personaje ¿qué importancia tienen esos elementos en la narración de un historia? Wilde desembarca su reflexión a partir del tratamiento de los vestuarios en las historias construidas por Shakespeare; lo sorprendente no es que se resalten estos elementos, después de todo ¿si se quiere contar una historia en un lugar que no es nuestro mismo mundo alguna cosa debía ayudar en tan extraña misión? Lo que me sorprende son dos cosas, principalmente: 1) Wilde le otorga a los vestuarios una importancia en la construcción misma de la historia, no sólo en el modo en que ésta será narrada después. 2) Que esta apología del vestuario tiene entre sus fines, hacer notar la labor arqueológica de reconstrucción de una época, la importancia de la investigación histórica que surge con la pregunta ¿cómo se vestían en ese tiempo?

Independientemente del cuestionamiento por la verosimilitud de la narración de la historia a partir del trabajo actoral (del cual se hace mención sólo al pasar), la preocupación acerca de los vestuarios nos deja ver el otro lado de este problema. La pregunta por el vestuario como una pregunta que hay que hacerse cuando se trata de la construcción de la historia. Wilde se repliega demasiado al texto, busca que sea Shakespeare mismo, el sujeto que escribe, quien determine y de las indicaciones sobre aquello que las almas en escena deberán vestir. ¿Demasiada autoridad al texto? Parece. Sin embargo, vemos un rasgo importante en que la discusión de la verosimilitud se vea desplazada a la manera en que se construye el espectáculo de la representación y no en el texto dramático.

¿Ese giro a preguntar por el modo de representación en el espectáculo le resta importancia a la construcción del texto? ¿A la autoridad de quien escribe? Al menos en el texto de Wilde, no. Pero eso representará toda una discusión a partir del siglo XX. Dónde centrar la mirada en el texto o en su elaboración con cuerpos actuantes. Queda abierta la pregunta de Grotowski ¿Puede el teatro existir sin texto?

domingo, 6 de febrero de 2011

¡Tercera llamada!

Así comienza la obra de teatro que lleva el mismo nombre que estas palabras que abren el mundo de ficción en una representación teatral. Tercera llamada se presenta en el marco de las obras ganadoras del XIII Festival Nacional de Teatro Universitario en la temporada destinada a las obras ganadoras, durante el mes de Febrero.

A cargo de Omeyan Theatron, grupo de teatro de la FES Iztacala, la obra nos invita a preguntarnos por la distinción entre el espacio de ficción y la realidad en la que nos encontramos día a día, “¿Qué es la realidad?”, pregunta uno de los actores que están en juego en esta puesta en escena. ¿Qué es la realidad? Parece una pregunta a la que siempre nos ha enfrentado el teatro, pero este texto y dirección de David Zamora Carrasco nos invita a poner en escena la pregunta, a través de la interrogación de la propia identidad ¿soy real o soy un actor?

El personaje principal de esta obra es una silla negra con una luminaria que le da el foco, a la que es expuesta el público, los personajes emergen de entre las butacas, gente que ha entrado a ver una obra en la que no encuentra más que una simple, común y solitaria silla. Con la guía de los personajes se irá tomando conciencia de las intenciones de ese director que sin ningún escrúpulo arroja al espectador a ser parte de la obra misma.

¿Por qué de pronto el teatro decide poner en escena la pregunta por auqello que lo constituye como teatro? ¿por qué invitar al público a formar parte del cuestionamiento de sí mismo? Que los espectadores no han estado siempre sólo sentados recibiendo información, es un hecho que últimamente se enuncia, pero pocas veces es llevado al espacio destinado a la ficción. Ahora el lugar del espectaaodor ha sido cuestionado desde una ficción y el sabor que a veces deja Tercera llamada, al poner esta pregunta del lado de los que estamos sentados en las butacas, es un tono muy didáctico, casi adoctrinando a un público, lo invita a formar parte de los conocimientos acerca del teatro, aunque no estoy convencida de que su tono didáctico tenga una buena recepción.

El fin de representación, cuyo personaje principal es una silla, tiene que ser explicado por los personajes que participan en ella, desde la intención misma del escritor-director, lo que deja un sabor extraño, pues es una obra que cuestiona los roles de cada uno de los participantes en el teatro, pero que trata de dejarnos muy claro cuál es la intención de su dramaturgo al ponernos en este juego entre la ficción y la realidad, sin dejar entonces, que el espectador sea quien se auto cuestione a partir de la unión de una serie de elementos en la obra.

Como última maniobra de ese autor omnisciente, el final de la historia será entregado a las manos del espectador, con ello se hace explícito un hecho que ya acontecía en el teatro, aún cuando se pretendía que el final de la historia terminara por cerrar el círculo; siempre hubo espacios indeterminados, cosas que el dramaturgo no elige y que son cerrados por el público, de modo que el final de Tercera llamada nos pone enfrente este suceso de la experiencia del teatro, invitando a crear el final de la historia; donde los actores se presentan un poco cansados a sí mismo y en algunos momentos dejan de ser el personaje para explicar el final, lo cual termina por romper el espacio esa realidad creada por la ficción de la obra.

“En ocasiones los personajes rompen la cuarta pared e interactúan con el público, es tiempo de que el público pase por esa cuarta pared hacia el escenario”, dice uno de los personajes de esta obra, pero ¿no han estado siempre atrás viendo como desde una mirilla los mundos puestos por la ficción del teatro, siempre adentro de las casas, iglesias, parques, siempre adentro de las vidas ajenas? ¿Cómo hará el teatro para involucrarnos en él, para llevar la teatralidad fuera del teatro? No sé si tendría que explicarnos, paso por paso como llegamos a intervenir el teatro con la vida, y nuestros mundos con el teatro, no sabemos si es sólo la cuarta pared lo que los ha distinguido.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Resultado o camino?

Pues, que he pasado por un momento de crisis de identidad filosófica, por supuesto que una de pronto puede no querer seguir haciendo lo mismo, simplemente ganas de moverse un poco para no dormirse. Ya lo dice el refrán "filósofo que se duerme se lo lleva la corriente", bueno no era exactamente así, pero la idea funciona. Y es que en los últimos días se siente lo ajeno por los pasillos de la filosofía, como si de pronto filósofar significara tomar una postura frente a algo, no sé...estoy dudando de eso en estos días.
Me pregunto ¿Qué pensaba de la filosofía antes de que decidiera inscribirme en una institución para ser "profesional de la filosofía"? ¿Alguna vez pensé que se podía ser un sedentario de la filosofía?
Por supuesto que no descarto la idea de que tomemos postura frente a algo, seguramente sin querer lo hacemos todo el tiempo, pero ¿es eso el fin que persigue el filosofar?
Quien sabe qué sea lo que se busca, lo cierto es que puede resultar más divertido saltar de un lugar a otro, seguro habrá problemas, que siempre saldrán a dar la cara, pero no obligando a ir una base.
Recuerdo ahora a K. Stanislavsky, pues, dentro de sus narraciones donde una se convierte en su alumna de teatro, invita a pensar que no es el resultado lo que debe mostrar la acción de un personaje cuando se busca realidad en la ficción. No se llora simplemente cuando se quiere llorar, como si activáramos el mecanismo con un botón; hay una serie de acontecimientos que desembocan en el llanto, desde una emoción, hasta el pliegue de la piel en un párpado ¿cómo se puede entonces pretender que la representación muestre sólo el llanto? No es pues el resultado lo que permite la acción, sino el camino que se ha recorrido para llegar hasta ahí.
¿Cómo se representan las filosofías? ¿Dónde se encontrarán en estos días? ¿Es filosofía del resultado o del camino?

martes, 7 de septiembre de 2010

Viaje individual

Empujones, jalones, gritos, ventas de productos de los usos más variados e inimaginables y, en el mejor de los casos, poder viajar amplias distancias acompañado de la conversación de un amigo; todo eso y más está a la orden del día viajando en el metro. Para algunos ir en metro significa la posibilidad de llegar lo más rápido posible a su trabajo, aunque no la más cómoda, a otros les permite llegar a la escuela y a la mayoría, al final del día, les sirve como medio para reunirse con la familia que espera en casa.
Eso sí, mientras se va en este transporte todos se reconocen como viajeros de amplias distancias y sus acompañantes pueden ser muy diversos, dependiendo de la hora, la gente que aborda el vagón y el destino a donde se busca llegar. Algunos viajeros se acompañan de una lectura, los que tienen suerte pueden ir en pareja o en grupos, otros más se aventuran en el mundo del sueño, pueden verse algunas mamás regañando a sus hijos pero eso sí, haciendo la tarea que no terminó el niño la noche anterior; unas más sufren una transformación producida por maquillaje que se mide por los minutos empleados en aplicarse y los centímetros que abarcan sobre el lienzo del rostro, y el caso de esos que se acompañan por la música en sus oídos gracias a unos audífonos.
Pero ¿qué podría tener de raro trasladarnos de un lugar a otro en transporte público? Lo interesante está en esa conducta que se desarrolla por la estancia en compañía de personas desconocidas. Todo va muy bien si esos desconocidos permanecen alejados de nosotros, pero el mínimo contacto puede resultar en irritación o desconcierto, ¿por qué esta necesidad de que los demás reconozcan en nosotros un espacio que no deberían invadir? ¿Por qué esta negación al contacto con el espacio ajeno?
Observamos una actitud especial para el traslado en transporte público, como si apretáramos el botón de individualidad absoluta al entrar por los torniquetes. Es interesante que justo en el metro, como un espacio donde se está rodeado de gente, sea donde nos resguardamos en nosotros, en una interioridad que quisiera no tener que involucrarse para nada con el otro. Ni siquiera hay la posibilidad de reconocer la voz ajena, porque incluso si alguien habla y se dirige a nosotros, no lo reconocemos ¿respondemos? No. Seguramente regalamos algunas palabras de regreso, pero no unas que signifiquen una respuesta.
¿Qué ha sucedido con nuestros cuerpos que además nos delimitan como individualidades ajenos a todo nuestro entorno y a esos otros? ¿Por qué el cuerpo como espacio de contacto y sensibilidad de lo externo nos ha servido como guarida en un mundo donde lo que menos se desea es que se le transgreda?
Por supuesto que estoy consciente de que en nuestra realidad el metro no es precisamente un espacio de cordialidad o seguridad, y que en ningún caso una chica quisiera que cualquiera se le acercara, y ha sido tan poco el respeto posible que ha tenido que designarse un lugar para que viajemos. Estoy segura de que cualquiera ha cuidado en más de una ocasión su bolsillo cuando la cartera está tan cerca de otro. Quizá estos problemas determinan de algún modo esta irritación frente al otro, de tal manera que nadie quiere tener cerca a un otro ¿cómo no negar al cuerpo si parece que él, al menos en nuestra realidad, es donde en principio se nos invade? ¿cómo construir la posibilidad de recuperar nuestra sensibilidad con todas esas problemáticas que nos invaden y hacen que delimitemos nuestro espacio? Pensemos nuestro organismo como delimitación de una individualidad y cómo hemos llegado a ser yo y sólo yo.

lunes, 30 de agosto de 2010

Saludos!

Pues he aquí un nuevo espacio para inscribir algunas reflexiones!